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Barack Obama: entre la esperanza y la realidad
Published by coyuntura | Filed under General
Cynthia A. Sanborn
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“Soy como una prueba de Rorschach…aun si las personas últimamente se desilusionan conmigo, pueden ganar algo”.
– Barack Obama, 10/2/200808
El 20 de enero de 2009, Barack Hussein Obama, de 47 años, hijo de una antropóloga de Kansas y un economista de Kenya, se convertirá en el hombre más poderoso del planeta (el más poderoso a decir de muchos), y el elegido para liderar la difícil recuperación de la que sigue siendo la primera economía mundial.
Sin duda, la suya fue una elección extraordinaria. Cuarenta y cinco años después de aquel sueño de Martin Luther King, estadounidenses de todas las razas eligieron a un presidente negro, no por el color de su piel sino por el contenido de su carácter.
También es extraordinario que el próximo Presidente de los Estados Unidos sea un intelectual sin reparos, además de un activista social y operador político. Brillante alumno de Columbia y Harvard, profesor en la Universidad de Chicago, Obama cita con confianza a pensadores como Reinhold Niebuhr y Milton Friedman, y no esconde su inteligencia tras la jerga y el gesto populachero tan comunes entre sus antecesores.
Más allá del candidato, es extraordinario que lo que empezó como un movimiento social contra la guerra en Irak, se convirtió en una máquina política capaz de desplazar al establishment del Partido Demócrata y al veterano héroe John McCain, para llegar hasta la Casa Blanca. El caso de “Obama Inc.”, un equipo que combinó viejas estrategias de organización comunitaria con nuevas tecnologías de comunicación y fundraising, será motivo de análisis en las mejores escuelas de negocios.
La campaña de Obama tomó el “cambio” como bandera, y ya ha cambiado el mapa político de su país, pues ha forjado una nueva mayoría, demócrata y multicultural. El reto ahora es cambiar una situación económica grave y una posición militar insostenible.
Desde Nairobi y Jakarta, a París y Bogotá, millones de ciudadanos de otros países también esperan que la nueva administración cambie las tan dañadas relaciones entre los Estados Unidos y el resto del mundo.
Cambio en el mapa
Obama fue el ganador indiscutible de estos comicios, con 53% del voto popular y una mayoría en el Colegio Electoral. A diferencia de las últimas dos elecciones presidenciales, no hay dudas sobre la validez del resultado y el país no está polarizado. Tampoco hubo el “efecto Bradley” o el racismo escondido que muchos analistas temían. Una mayoría clara, pero no abrumadora, optó por Obama y por el Partido Demócrata como mayoría en ambas cámaras del Congreso, lo cual le ofrece la legitimidad y el poder necesario, aunque no suficiente, para gobernar en tiempos de crisis.
En Estados Unidos, el voto es opcional y el reto es incentivar a las personas a ir a las urnas. En 2008, lo que destaca es el aumento en la participación de minorías étnicas y de nuevos votantes: personas quienes por edad, ciudadanía o simple desilusión, nunca antes habían participado. Los afroamericanos votaron en números récord, constituyeron el 13% del electorado y apoyaron en un 95% a Obama. También votaron más ciudadanos de origen latino y asiático, quienes constituyen la mayoría de los nuevos inmigrantes y las comunidades de mayor crecimiento demográfico. Los latinos hoy son el 15% de la población y su participación aumentó en 25% sobre 2004, llegando a ser 9% del electorado y determinante en varios Estados del Oeste y en Florida. El 67% de los latinos y el 62% de los asiáticos votaron por Obama. Los jóvenes entre 18 y 29 años, constituyen el 18% del electorado, y 68% de ellos apoyó a Obama, cuya campaña supo llegar a ellos a través de las diversas redes del Internet y darles protagonismo.
Para ganar la presidencia, sin embargo, Obama también tuvo que convencer a los sectores mayoritarios; hombres y mujeres blancos y mayores, descontentos con Bush pero escépticos frente a esta alternativa. Aunque McCain recibió el 56% del total del voto blanco, Obama convenció a más blancos que cualquier otro candidato demócrata desde Jimmy Carter. En el plano religioso, los católicos le dieron su voto a Obama en 52%, a pesar de la oposición de los obispos a este hombre de fe Protestante y orientación social liberal. Obama ganó en el deprimido Rust Belt (“cinturón oxidado”, por el colapso de las industrias tradicionales) –en Pennsylvania, Michigan, Ohio e Indiana–, donde habitan aquellos “auténticos americanos”, quienes, según sus contrincantes, nunca confiarán en un elitista como él. En el Sur tradicional y racista, en Virginia y Carolina del Norte, también se forjó una nueva mayoría entre negros, blancos jóvenes, inmigrantes latinos e hindúes, para voltear el statu quo.
En la polarizada elección de 2004, entre Bush y Kerry, participaron 122 millones de personas o el 60,1% de los ciudadanos aptos para votar, porcentaje bastante superior al 54% que votó en el año 2000. Este año, se estima que votaron 130,8 millones o 61,4% de los aptos, un aumento relativamente modesto frente al entusiasmo y las largas colas que observamos. ¿Por qué la participación total no fue mayor? Según expertos como Curtis Gans, esta vez fueron los republicanos más duros quienes se quedaron en casa, desilusionados con su propio candidato y con los evidentes vientos de cambio.
¿Cambio de rumbo?
La elección de Obama, quien tenía solo siete años en el legendario 1968, significa un cambio –el inicio del fin de las “guerras culturales” y la ola neoconservadora–. Para comenzar, los temas moralistas no fueron centrales en 2008, ya que la mayoría de votantes prioriza una salida a la crisis económica. La inmensa mayoría también rechaza la intervención militar en Irak, sin la confrontación violenta que marcó la generación de Vietnam.
Lo que predominan en esta elección son demandas por un mayor activismo estatal; para reactivar la economía, proteger a los más vulnerables y proveer mejores servicios sociales. La consolidación de la mayoría demócrata en el Congreso, y su reconquista de los puestos más importantes en el Gobierno Federal, significa una oportunidad para responder a estas demandas.
Por su parte, el ahora opositor Partido Republicano tiene retos difíciles. La pobre gestión del actual presidente Bush (que parece peruano, con solo 22% de aprobación), obviamente, afecta a su partido. La naturaleza fundamentalista de sus líderes y bases más organizadas, y su insistencia en una agenda de gobierno limitado, restricción de la inmigración e imposición de una moral conservadora, aleja a muchos jóvenes y nuevos ciudadanos. El Partido Republicano tiene su mayor concentración de votos entre los hombres blancos de mayor edad y menores niveles educativos, sectores importantes pero decrecientes. No tiene congresistas ni candidatos viables que provengan de las minorías emergentes, y su falta de respuestas a la pobreza y la desigualdad de oportunidades ha sido criticada por figuras prestigiosas como el general Colin Powell, quien siendo republicano optó por apoyar a la candidatura de Obama.
Mientras el público estadounidense espera cambios internos significativos, los recursos que tendrá la nueva administración son bastante limitados. Todo indica que Obama será más centrista y cauteloso que sus seguidores originales, tanto en la elección de su gabinete como en la toma de decisiones políticas.
En el corto plazo, Obama utilizará su considerable capital personal –un 68% hoy tiene confianza en el Presidente-electo– para implementar medidas de recuperación del sistema financiero y estímulos para generar empleo, desarrollar infraestructura, proveer asistencia a los más pobres y extender compensación al creciente numero de desempleados. El reto en el mediano plazo es si podrá cumplir con la promesa de gravar más a los más ricos, quienes irónicamente han votado por él en un 52%, y extender la cobertura de salud y otros beneficios a los sectores medios y pobres.
Es probable que Obama debute internacionalmente con importantes gestos en el plano ético, como el cierre de Guantánamo y un deslinde enfático con la tortura. También tendrá mayor disposición hacia la cooperación multilateral; por ejemplo, en temas como el calentamiento global. Sin embargo, la crisis financiera y las presiones políticas internas limitarán las acciones externas del próximo gobierno, y orientarán sus prioridades hacia adentro, con mayor pragmatismo en la defensa de los intereses nacionales. En el plano comercial, mientras Obama elogia el tratado con el Perú, habrá mayores presiones proteccionistas desde el Congreso y los sectores más afectados por la competencia. El mayor dilema será con China, donde habrá demandas internas para exigirle concesiones comerciales y denunciar la falta de libertades y derechos básicos en ese país, pero necesidad de cooperación en otros ámbitos.
La difícil pero domésticamente necesaria retirada de Irak, la amenaza nuclear en Irán y Corea, las tensiones en Afganistán y Pakistán, y las aspiraciones geopolíticas de Rusia, serán otras prioridades para la administración Obama, que podrían ser difíciles de resolver mediante el prometido diálogo y cooperación multilateral. Para América Latina, es probable que Estados Unidos no tenga ni recursos ni tiempo para grandes iniciativas de cooperación, lo cual nos obliga a seguir mejorando nuestra competitividad y apertura hacía otras potencias emergentes.
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